Hermenegildo Sabat

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Fundación Artes Visuales

Taller de Artes Visuales

Hipólito Yrigoyen 964 1er piso

4342-4180 (Capital Federal)

 

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  • Ilustración
  • Dibujo con modelo vivo
  • Dibujo para niños y jóvenes
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Enseño dibujo, pintura, y también respeto por el arte

Para aprender artes visuales, Sabat dice que es necesario alentar la percepción. "Y saber cómo construir un dibujo, manejar el lápiz, pintar, mientras se observan y copian ejemplos de grandes artistas", asegura.

"No es pretencioso disentir con pesimistas" escribió alguna vez Hermenegildo Sabat, el hombre que en plena guerra de Malvinas decidió abrir su propia escuela de arte. "¿Qué podías hacer en este país? Irte. O intentar juntarte con gente compatible con vos", se explica, como si abrir escuelas de arte en medio de la guerra fuera algo casi inevitable.

H.S. Fue un impulso! Buscábamos gente que creyese que el valor de las artes es más importante que la venta de armas o el asesinato de criaturas en el país.

- ¿Qué quería enseñar exactamente?

H.S. Nada que tuviera que ver con la utilidad del arte, las cosas para vender, ni la salida laboral. Es verdad, la realidad es difícil, hay problemas, pero tenemos que hacernos el lugar dentro de esos problemas e inculcar ciertos valores que también son muy reales: el espíritu es real, existe.

- ¿Se puede enseñar el arte, la pintura?

H.S. Yo diría: ¿es posible dar clases de dibujo o pintura y, al mismo tiempo, generar respeto por el arte, por los artistas? Hay dificultades: vivimos lejos de los grandes centros de arte, hay que sustituir las obras verdaderas por la observación de libros que son cada vez más caros. Y, en una sociedad que todavía alimenta la idea que los artistas son parias o atorrantes subvencionados por la familia y la sociedad, ¿se puede enseñar sin ser sospechado? Hay que insistir, sin embargo.

- ¿Cómo se hace?

H.S. Gradualmente, muchos quisieran empezar pintando el Guernica, de Picasso. Quieren decorar la casa sin haber construido las paredes. Pero para aprender artes visuales, hay que aprender como construir un dibujo, manejar el lápiz, como pintar, mientras se observan y copian ejemplos de grandes artistas. Acá tratamos de enseñar una forma de conducta. Pero no ponemos en la puerta un cartel que diga "escuela de conducta", como tampoco le decimos a la gente "venga, que va a transformarse en un artista".

Miguel Angel Ghilino, secretario de la Fundación Artes Visuales (que sostiene gracias a subvenciones la enseñanza de becarios), explica: "Algunas personas tienen prejuicios cuando les decís que copien la obra de un artista famoso. Pero vos podés poner veinte personas copiando una obra y cada resultado va a ser una versión, tu propia pintura."

Sábat, vehemencia pura, agrega: "Hay muchos preconceptos! Están los que creen que todo es abstracto, que no hya que corregir ni profundizar, porque todos somos genios. Pero acá preferimos no jugar a la democracia gráfica. Porque incluso dentro de la democracia la gente tiene que aprender! Si no, estimulamos la pereza, la ignorancia, la falta de dedicación al aprendizaje. Yo sostengo que la ignorancia es peor que la mala fe".

Ghilino resume un remedio clarísimo: "lenguaje, técnicas, correcciones, ejercicios con dificultades progresivas. El premio por haber hecho algo muy bien es que te den un problema mayor para resolver".

Sábat asiente, mordiendo una risita entre dientes, que parece ser el otro gesto con el que alterna un ceño siempre concentrado.

H.S. No se trata sólo de talento. Yo no creo en los autodidactas que confunden una superación mecánica, simple destreza, con un crecimiento espiritual.

En las paredes del taller (donde pululan las fotos, afiches, tapas de libros) no se hacen muestras de alumnos ni se dan premios, "para no inducir la comparación inútil ni apurar los ritmos de cada persona. Nosotros tenemos que esperar todo el tiempo que cada uno necesite.", dice Ghilino.

H.S. Por suerte en las galerías de arte, no se cuelgan cartelitos de cuánto tardó el artista en terminar esa obra! Acá no estamos en la Fórmula 1 ni la escuela primaria! Yo hablo con la gente cuando llega, trato de entender quien es, de dónde viene. Pero después le doy trabajo: no hablo, porque no se trata de generar dependencia del maestro, que es otro riesgo. Aprende el que puede recibir lo que le estamos dando. No es el mero respeto, sino la capacidad de aceptar la enseñanza. Aquí propendemos que mientras la gente trabaja escuche muy buena música y tome contacto con grandes obras. Lo que hay que hacer es alentar la percepción.

 

Nota publicada el domingo 8 de agosto de 2004, en el diario Clarín (Guía de la Enseñanza) autora: Alejandra Toronchik