Enseño
dibujo, pintura, y también respeto por el arte
Para
aprender artes visuales, Sabat dice que es necesario alentar
la percepción. "Y saber cómo construir un
dibujo, manejar el lápiz, pintar, mientras se observan
y copian ejemplos de grandes artistas", asegura.
"No
es pretensioso disentir con pesimistas" escribió alguna
vez Hermenegildo Sabat, el hombre que en plena guerra de Malvinas
decidió abrir su propia escuela de arte. "¿Qué podías
hacer en este país? Irte. O intentar juntarte con gente
compatible con vos", se explica, como si abrir escuelas
de arte en medio de la guerra fuera algo casi inevitable.
H.S. Fue
un impulso! Buscábamos gente que creyese que el valor
de las artes es más importante que la venta de armas o
el asesinato de criaturas en el país.
- ¿Qué quería
enseñar exactamente?
H.S. Nada
que tuviera que ver con la utilidad del arte, las cosas para
vender, ni la salida laboral. Es verdad, la realidad es difícil,
hay problemas, pero tenemos que hacernos el lugar dentro de esos
problemas e inculcar ciertos valores que también son muy
reales: el espíritu es real, existe.
- ¿Se
puede enseñar el arte, la pintura?
H.S. Yo
diría: ¿es posible dar clases de dibujo o pintura
y, al mismo tiempo, generar respeto por el arte, por los artistas?
Hay dificultades: vivimos lejos de los grandes centros de arte,
hay que sustituir las obras verdaderas por la observación
de libros que son cada vez más caros. Y, en una sociedad
que todavía alimenta la idea que los artistas son parias
o atorrantes subvencionados por la familia y la sociedad, ¿se
puede enseñar sin ser sospechado? Hay que insistir, sin
embargo.
- ¿Cómo
se hace?
H.S. Gradualmente,
muchos quisieran empezar pintando el Guernica, de Picasso. Quieren
decorar la casa sin haber construido las paredes. Pero para aprender
artes visuales, hay que aprender como construir un dibujo, manejar
el lápiz, como pintar, mientras se observan y copian ejemplos
de grandes artistas. Acá tratamos de enseñar una
forma de conducta. Pero no ponemos en la puerta un cartel que
diga "escuela de conducta", como tampoco le decimos
a la gente "venga, que va a transformarse en un artista".
Miguel
Angel Ghilino, secretario de la Fundación Artes
Visuales (que sostiene gracias a subvenciones la enseñanza
de becarios), explica: "Algunas personas tienen prejuicios
cuando les decís que copien la obra de un artista famoso.
Pero vos podés poner veinte personas copiando una obra
y cada resultado va a ser una versión, tu propia pintura."
Sábat,
vehemencia pura, agrega: "Hay muchos preconceptos! Están
los que creen que todo es abstracto, que no hya que corregir
ni profundizar, porque todos somos genios. Pero acá preferimos
no jugar a la democracia gráfica. Porque incluso dentro
de la democracia la gente tiene que aprender! Si no, estimulamos
la pereza, la ignorancia, la falta de dedicación al aprendizaje.
Yo sostengo que la ignorancia es peor que la mala fe".
Ghilino
resume un remedio clarísimo: "lenguaje, técnicas,
correcciones, ejercicios con dificultades progresivas. El premio
por haber hecho algo muy bien es que te den un problema mayor
para resolver".
Sábat
asiente, mordiendo una risita entre dientes, que parece ser el
otro gesto con el que alterna un ceño siempre concentrado.
H.S. No
se trata sólo de talento. Yo no creo en los autodidactas
que confunden una superación mecánica, simple destreza,
con un crecimiento espiritual.
En
las paredes del taller (donde pululan las fotos, afiches, tapas
de libros) no se hacen muestras de alumnos ni se dan premios, "para
no inducir la comparación inútil ni apurar los
ritmos de cada persona. Nosotros tenemos que esperar todo el
tiempo que cada uno necesite.", dice Ghilino.
H.S. Por
suerte en las galerías de arte, no se cuelgan cartelitos
de cuánto tardó el artista en terminar esa obra!
Acá no estamos en la Fórmula 1 ni la escuela primaria!
Yo hablo con la gente cuando llega, trato de entender quien es,
de dónde viene. Pero después le doy trabajo: no
hablo, porque no se trata de generar dependencia del maestro,
que es otro riesgo. Aprende el que puede recibir lo que le estamos
dando. No es el mero respeto, sino la capacidad de aceptar la
enseñanza. Aquí propendemos que mientras la gente
trabaja escuche muy buena música y tome contacto con grandes
obras. Lo que hay que hacer es alentar la percepción.
Nota
publicada el domingo 8 de agosto de 2004, en el diario Clarín
(Guía de la Enseñanza) autora: Alejandra Toronchik |